La CUP y los retos del Procés

L’article original és publicat al diari basc Berria. 

Desde el 27 de setiembre han pasado casi nueve meses. Pero en Catalunya aún no ha habido ningún parto hacía un nuevo Estado en el sur de Europa. Distraídos, todos, en el rifi-rafe semanal en el Parlamento catalán y en avistar los problemas más que en aportar las soluciones, estamos atracados en el puerto como un pesquero de Bermeo en día de tormenta. Atentos solo a los errores de los otros. Y esto, evidentemente solo favorece a una opción: a aquellos que propugnan una reforma del Estado en clave de actualización de instituciones, renovación de élites y descentralización “regionalista”. Patriotas, ellos. Una vuelta al pasado. Por eso es tan importante darnos cuenta de qué hemos hecho bien y de qué hemos hecho mal desde que un 13 de setiembre de 2009 se hiciera una consulta popular en Arenys de Munt como hace unos días hicieron también decenas de localidades vascas. Históricamente, los procesos en Catalunya han servido para modernizar el Estado, pero nunca antes había habido una mayoría social a favor de la independencia como la que hemos visto en los últimos años. Una mayoría social que va íntimamente ligada a una voluntad de transformación y de movilización social que nos marcan los ejes por donde tenemos que pivotar lo más rápido posible. La coyuntura ideal para recuperar soberanías en medio de una Unión Europea retratada cada día por las muertes del Mediterráneo.berriaB

Estos últimos meses ni el gobierno de Puigdemont ni el Parlamento han puesto en marcha el proceso constituyente de discusión popular prometido. La hoja de ruta del Gobierno catalán ha sido confusa y excesivamente dependiente a las necesidades discursivas de la refundación de Convergencia, mientras las entidades de la sociedad civil se tomaron un respiro tan largo una vez hubo el acuerdo de investidura que no han vuelto a apretar como era necesario. Aunque el contexto ha sido este y la CUP ha sido el principal tensor que hacía avanzar más rápido hacía la independencia desde el Parlament y con campañas de desobediencia institucional, los medios de comunicación y el “Camamilla Party”, tertulianos de la vieja guardia, han centrado su foco en las idas y venidas de la propia CUP. Lo han hecho aprovechando que en estos meses la izquierda independentista catalana tampoco ha sido capaz de formular propuestas que rompieran la dinámica de una fuerte tensión dicotómica delante de cada decisión institucional transcendental que se tenía que tomar. Suma y sigue para que lo que era una coyuntura más que interesante y única en el sur de Europa se haya convertido en algo difícil de explicar. Y si no se entiende, no funciona. Ni en los Països Catalans, ni en Euskal Herria, ni en la China popular.

Pero esto no se acaba aquí. Por suerte y por la gente. Tenemos una pausa para reorganizar las piezas, entender donde no hemos sido lo suficientemente exactos y devolver la iniciativa popular a la ruptura del marco del 78 a partir de la independencia. Una ruptura que tiene que traer consigo una reformulación de las relaciones sociales camino del impulso de nuevos modelos económicos justos, desde el ecologismo, el feminismo y la radicalidad democrática. ¿Cómo lo hacemos? En primer lugar hace falta que Junts pel SÍ y la CUP renueven el acuerdo estas semanas, se mantenga la legislatura excepcional y intenten mirar más allá en lugar de observarse todo el rato el uno al otro. Para que eso sea posible es necesario que se trabaje conjuntamente, que haya confianza y sobretodo que se marquen unos pasos conjuntos para el curso 2016-2017 que pasen por iniciar el Proceso Constituyente de raíz popular, la planificación de un Referéndum Unilateral, en la forma que se considere más oportuna, y la puesta en marcha de una política económica al servicio de las clases populares acordada antes de los debates públicos. Aquí Junts pel Sí tiene que ponerse las pilas y es que con estas tres variables y vista al horizonte tenemos partido y muchas opciones de ganarlo. Las aguas templadas y las indecisiones permanentes, en cambio, serán una previa de un fracaso que, no es menos cierto, una parte escondida dentro de Convergencia desea por aquello del orden y la ley.

Y a la CUP le tocará saber jugar mejor el papel que tan bien valorado está en los municipios donde gobierna o hace oposición. Una combinación del trabajo de calle, de entidades y colectivos, con la capacidad de marcar la agenda desde una perspectiva de construcción de realidades nuevas que superan los viejos esquemas a la vez que las impulsa sin apenas desgaste. Nos toca abordar el debate, definir consensos y sobretodo transpirar acumulación de fuerzas, permeabilidad y comunicar la idea que la revolución no es un sueño sino una posibilidad a la alcance de nuestra generación. De la resistencia a la victoria. Somos capaces de esto y de mucho más. Lo hemos demostrado porque como nos gusta decir: “vamos lentos porque vamos lejos”. Sin notarlo hemos olvidado que delante teníamos el Estado que enterró a Lasa y Zabala, impulsó la monarquía corrupta y la uniformidad contra los pueblos del Estado. Romper sus cadenas desde abajo, con la gente y recuperando soberanías es, sin duda, el mejor plan para este verano-otoño. Arrancamos. Ahora sí.


lluc  @llucsalellas


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